Prefiere pleno sol, esencial para una floración abundante. Sin embargo, debe protegerse con sombra parcial durante las horas más calurosas del verano. Tolera bien el frío en invierno, pero se recomienda resguardarla en caso de heladas intensas y prolongadas, especialmente si se cultiva en maceta de bonsái.
La regla general de riego, que indica regar cuando la tierra esté seca al tacto, también es ideal en este caso. Sin embargo, tenga en cuenta que durante los periodos más calurosos y con vientos fuertes, es necesario regar con mayor frecuencia. A menudo, en estos casos, la tierra corre el riesgo de secarse por completo. También es importante recordar que tanto la falta como el exceso de agua pueden causar graves problemas a la planta. Se debe tener especial cuidado de no rociar agua directamente sobre las flores, ya que esto puede provocar marchitamiento prematuro y comprometer la producción de frutos.
Se recomienda trasplantar anualmente los ejemplares jóvenes y cada 2-3 años los más viejos. El momento ideal es inmediatamente después de la floración, cuando la planta ha completado su fase ornamental principal. La poda también puede realizarse en otoño, después de la caída de las hojas. Al trasplantar, se pueden acortar las raíces más vigorosas. Se recomienda un sustrato con buen drenaje.
La poda varía según la etapa de desarrollo de la planta. En ejemplares jóvenes, se poda en primavera, generalmente dejando dos yemas para favorecer una ramificación fina y armoniosa. Es importante evitar la poda en invierno para prevenir la pérdida de savia. En ejemplares maduros, la poda se realiza para estimular la floración: inmediatamente después de florecer, acortando las ramas y estimulando la producción de nuevas yemas. Las yemas florales se forman durante el verano y son fácilmente reconocibles por ser más grandes y redondeadas que las yemas foliares.
El pinzado se realiza después de la floración, trabajando en los brotes nuevos cuando han desarrollado 3-4 hojas, reduciéndolos a 1-2. Esta técnica ayuda a controlar el crecimiento y mejorar la ramificación. Es importante dejar de pinzar a principios del verano para que la planta pueda formar adecuadamente las yemas florales del año siguiente.
El alambrado no siempre es necesario y debe aplicarse con precaución, ya que las ramas de la Fukubana son bastante delicadas. La forma se logra principalmente mediante una poda selectiva.
Después de la floración y la poda, puede comenzar a fertilizar regularmente con un fertilizante equilibrado cada 10-15 días hasta el otoño, suspendiendo la fertilización durante los periodos más calurosos del verano. Una fertilización adecuada es esencial para favorecer tanto el crecimiento vegetativo como la floración futura.
La Prunus subhirtella 'Fukubana' es una especie bastante resistente. Sin embargo, es importante vigilar la presencia de pulgones o enfermedades fúngicas, especialmente en primavera, e intervenir rápidamente para mantener la planta sana.